El día que salí por una webcam de Manhattan
3 comentarios Published viernes, 12 de marzo de 2010 by Burrako inHola a tod@s! Este post será cortito, pues solo es para deciros que estaré en la esquina de la 46th con Broadway el Sábado a las 16:30, hora española, y con eso os saludo desde allí :D.
Tenéis que entrar en esta dirección: Yo en la Webcam de Manhattan
Justo debajo del recuadro de vídeo hay un listado grande de webcams que podéis seleccionar (Cam 2, Cam 3, Cam 4... y así sucesivamente). Yo estaré en la Cam 2, ok?
No creo que esté allí mucho rato haciendo el mongolo...jajaja, pero al menos estaré unos minutillos. Si alguien fuera tan amable de hacer una captura de pantalla para que quede para el recuerdo... os lo agradeceré :). Podéis enviarla a mi correo electrónico (rubengalvez04@yahoo.es).
Recordad: Sábado a las 16:30 hora española, Cam nº 2. Sé que es una hora un poco rara, pero antes es demasiado temprano aquí y no me daría tiempo a llegar, y más tarde aquí ya es de noche y no se verá nada.
Buenos días desde NY!!
El día que caminé hasta Brooklyn
4 comentarios Published by Burrako in
Hoy ha sido un día espectacular. Eso sí, estoy realmente cansado. He caminado por más de 8 horas, y tan sólo me he detenido dos o tres veces para descansar. Menos mal que cogí los zapatos negros hoy, ya que las Timberland aún están muy nuevas y ayer ya me hicieron rozaduras...
La mañana comenzó muy bien. "Donde fueres haz lo que vieres", dicen, así que lo primero que hice tras salir del hotel fue buscar uno de esos quioscos auténticos en los que la mayoría de trabajadores newyorkinos con prisa se detienen un instante para comprar algo y comérselo "on the way", y lo mejor, por 2 dólares. Yo pedí café, por supuesto, y un croissant. Tenían otras cosas de comer, pero se me parecían más a un almuerzo que a un desayuno... y ya tuve bastante ayer con la bromita del combo nº 1.
Café y croissant en mano me fui a un parque que estaba de camino a mi destino de hoy: Downtown, la zona sur de la isla de Manhattan. Me senté en un banco, junto a otros cuantos madrugadores que compartían intereses culinarios conmigo, y por supuesto, junto a un buen número de ardillas correteando por allí.
Después del desayuno seguí caminando hacia el sur, y ya empecé a notar cómo iba cambiando el aspecto de lo que me rodeaba. Ya no había tanto orden en sus calles, ni en sus edificios. Aquí se empiezan a mezclar edificios modernos con otros de más antigüedad, pero con igual encanto. Si bien la arquitectura de esta zona es más heterogénea, sus gentes también lo son. El Downtown comprende, entre otras, las zonas de Soho, Noho, Nolita, Chinatown, Little Italy y la zona financiera, el World Trade Center, con su zona cero incluída. De ahí la mezcla racial tan importante que hay, ya de por sí existente en la zona central de Manhattan, pero de manera mucho más notable.
Ya con la lección bien aprendida me sentí muy newyorkino cuando cruzaba las calles el primero, aun estando en rojo, pues es lo que se hace aquí. Por supuesto siempre lo hacía mirando a ambos lados, tranquil@s. A medida que iba acercándome al sur iba encontrando multitud de tiendas, y por lo que se ve, todas van a cerrar, porque la mayoría tenían un descuento de hasta el 80%...
Según el mapa no me quedaba mucho para llegar al parque del City Hall (Ayuntamiento), pero caminaba y caminaba, y de verdad, no veía el fin. Después de un buen rato andando me detuve un momento en un escalón de un parque, que para mi fue como el mejor de los sofás. Ahí, tras un rato buscando la calle Fulton, me doy cuenta de que aún me faltaba muchísimo camino por recorrer... Tiene que haber algún fallo de proporciones en el mapa que tengo, pues no es normal la panzá de andar que me he pegao hoy...
Las calles de esta zona tenían un encanto especial. Podías ver como las escaleras de incendio adornaban literalmente las fachadas de los edificios, de mil colores todos ellos. Marrones, blancos, de cristal, incluso amarillos! Se respiraba un ambiente diferente. Aquí la gente sí que te miraba a los ojos, y parecían decir "Sí, aquí no hay tanto glamour como en Time Square, pero aquí es donde vivo". Un lugar con muchísimo que ofrecer.
Ya acercándome al distrito financiero me detuve a fumar un piti en una plaza bastante grande, desde la que se veían los juzgados.
Estuve sentado un rato, porque ya en este punto tenía un dolor de pies considerable, y lo peor estaría por llegar...
Seguí mi camino atravesando Tribeca, otra zona muy interesante cerca de Soho, aunque con características parecidas. Dejé Chinatown a mi izquierda, porque quería regresar por ese camino, para verla con detenimiento.
Por fin llegué al final, al sur de la isla. Ya sólo me quedaba pasear por allí un rato, disfrutar de sus postales vivientes, y hacer alguna que otra fotografía interesante. Di un par de vueltas al parque del City Hall, me perdí un par de veces para encontrar la zona cero, y luego bajé por la calle Fulton al puerto, un sitio realmente bonito.
Esto es la Zona Cero, donde cayeron las Twin Towers. Detrás de esas vayas azules está el gran socabón, y la cosa va para largo, porque al parecer hay mucho politiqueo en el asunto, y no hay manera de que se pongan de acuerdo en qué van a montar ahí.
Aquel puerto me recordó mucho al del Maremagnum de Barcelona. Muchos restaurantes con vistas al río Hudson, tiendas de souvenirs, y barcos, por supuesto.
Al fondo encontré una pareja a la que le pedí que me hicieran el favor de tomarme una fotografía.
La verdad es que se echa de menos un buen dedo que sepa disparar bien una cámara... pero bueno, qué le vamos a hacer, los pobres hacen lo que pueden y me sacan del apuro. Después de devolverles el favor tomándole yo en este caso un par de fotografías para el recuerdo, disparé otro par de veces para mi.

Otro de los motivos por los que tomé la dirección del puerto era porque sabía que por allí cerca se encontraba la exposición "Bodies". A algunos os sonará... Es esa en la que se muestran cuerpos reales, con sus músculos, huesos, y todo tipo de órganos vitales. Lo sobrecogedor es que se trata de cuerpos reales. Impresiona un poco, pero merece la pena. No dispongo de fotografías porque me prohibieron hacerlas...
Bien, una vez había pateado todo el Downtown, el centro financiero y demás historias, tenía claro que iba a volver a casa atravesando Chinatown, para seguir esta tarde noche por la zona del centro. Lo bueno de viajar solo es que puedes cambiar tus decisiones sobre la marcha sin tener que dar explicaciones :). A lo lejos vi el puente de Brooklyn... y no me quedó más remedio que aventurarme a cruzarlo. Tenía varios factores en mi contra: Me meaba desde que era chico y empezaba a tener hambre. El puente es bastante más largo de lo que parece, y la media hora no te la quita nadie, a paso rapidito. Me la jugué al voy sí o sí, y salió sí.
Tenía que darme prisa, pues quería matar dos pájaros de un tiro: mear en el sitio en el que fuera a comer. Esto es así porque está muy mal visto entrar a mear a un sitio en el que no vas a consumir. Hay sitios en los que no pasa nada, pero a mi ya me han llamado la atención un par de veces.
Por muy rápido que quisiese ir, el puente de Brooklyn, paralelo al de Manhattan, tiene un inconveniente común a todos los puentes: hasta la mitad todo es cuesta arriba. Sí, no se trata de una cuesta muy pronunciada, pero lo suficiente como para que estés deseando llegar a la mitad. Es curioso, porque en lo que sería la zona central del puente hay muchos bancos para sentarse. Se ve que no soy ni el primero ni el último que va arrastrando el hígado por el puente.
Con prisa o sin ella, estando en el puente de Brooklyn todo lo que ves es digno de ser admirado y fotografiado. Dejo detrás un skyline formado por un buen número de rascacielos, a mi izquierda un puente de Manhattan que parece competir con el de Brooklyn, a mi derecha el río Hudson perdiéndose en la inmensidad del océano, y por delante, un Brooklyn que se mostraba desafiante, pero que luego resultó ser uno de los sitios más carismáticos en los que he estado en mi vida.
Ya que estaba allí, meándome o no, quise tomar varias instantáneas del puente por el que caminaba. De estas alguna va para mi salón!




Una vez terminé de cruzar el puente (y menos mal), tuve que andar otro buen rato hasta llegar a la zona con movimiento de Brooklyn, ya que las primeras manzanas son escuelas, edificios de oficinas, y fábricas, por cuyas calles transita muy poca gente.
Brooklyn es un barrio principalmente de gente negra. Esto no quiere decir que no haya blancos, amarillos y del color que sea, pero casi siempre predominan las personas negras. Te encuentras con el típico negro con chaqueta de cuero y mil complementos brillantes, son realmente muy curiosos y te das cuenta de que las películas a veces cuentan más verdad de la que pensamos.
Por fin encontré el sitio adecuado para mis quehaceres. Se trata de una hamburguesería (cómo no) perteneciente a una cadena, tipo Burger King, pero con algo más de tradición y sabor. Pedí algo de comer y tras la meada oportuna, permanecí sentado en la mesa un rato leyendo mi guía, y de paso descansaba un poco, que a todo esto venía desde la 5º Avenida andando... eso es poco más o menos como ir de Los Bermejales al parque del Alamillo andando, no exajero. Además los callos y rozaduras que tengo dan fe de ello :). Lo malo/bueno de viajar solo es que no tienes a nadie a quien quejarte de que te duelen los pies, jaja.
Brooklyn es un caos, todo el mundo va a su puta bola, hay coches en las calles con música a más volumen del permitido (y la policía pasa un webazo), y cada dos por tres hay un atropello. Mola :).

Estas son algunas fotografías del centro de Brooklyn, y la verdad es que mola un montón. Es un sitio "diferente", simplemente. Eso sí, carismático al 100%. Sus calles de tienen siempre con la mirada de un lado a otro. Parece que todo está dispuesto de manera que no puedas fijar la mirada en un punto en el suelo para no tropezar. De ahí que casi tropiece en un par de veces... y además yo soy de llevar las manos en los bolsillos, con lo cual diría que sigo conservando la boca de milagro :P.
Después guardé la cámara y me dediqué a pasear libremente por aquella zona, perdiéndome si hacía falta, y de hecho así fue. Me perdí a conciencia y disfruté muchísimo de sus calles y sus gentes.
Una vez había visto lo que quería ver tomé una decisión acertadísima: Volver en taxi. Los hebreos sabían de antemano que yo no me volvía andando otra vez ni por un trabajo fijo en Sevilla. Es curioso el tema de los taxis: todos llevan una pantalla táctil en el asiento trasero en la que puedes ir toqueteando para ver donde estás, donde vás, y donde has estado (Back to the future???). No, ya en serio, tienes un GPS y te va indicando por donde vas, de manera que el taxista no puede timarte. A la hora de conseguir un taxi el procedimiento pasa por levantar la mano y esperar. No es como en España, que ves un taxi, levantas la mano, el taxista te ve, y finalmente te recoge. Aquí hay tal cantidad de taxis en circulación que levantar la mano a uno en concreto es absurdo. Aquí se levanta la mano, y si tienes suerte en poco tiempo te para un taxi, pero si no, como es la mayoría de los casos, te puedes pasar varios minutos con la mano levantada esperando que uno libre te vea a ti y no a los otras decenas de personas que quieren coger uno. Lo que se ve en las pelis de que uno levanta la mano y dice "Taxi!!", eso yo, lo que es yo, no lo he visto todavía.
Le pedí al taxista que me llevara al New Museum, un sitio al que tenía ganas de ir, por su diseño y vanguardia, y por estar muy cerca de Chinatown, con lo cual mataba dos gorriones de un tiro. Después de 20 minutos, debido al tráfico, y de 17 dólares (propina incluida) llegué al New Museum.


Veamos, este museo es considerado como uno de los pocos sitios en los que tiene cabida este tipo de arte. ¿Que qué tipo de arte es? Pues ese tipo de arte que roza la verdadera bazofia incomprensible. Tengo que reconocer que incluso para mi mismo, en su interior he visto algunas obras que me han parecido más una muestra de valentía y doscojonismo que de arte propiamente dicho. Y digo valor porque hay que tener los huevos muy bien puestos para exponer algunas de las cosas que he visto hoy. Siento ser tan radical, pero aunque sea muy abierto de mente, hay cosas que no tienen justificación (al menos para mi). Desgraciadamente no he podido tomar fotografías de las galerías porque este museo lo frecuenta muy poca gente, y los guardas están muy pendientes de que no se te ocurra desenfundar la cámara. Tampoco os perdéis mucho. De hecho yo lo he visto entero en menos de 45 minutos.
Bien, ya un poco recuperado del cansancio, me dirigí a Chinatown, de la cual podéis ver parte en las siguientes fotografías.



Chinatown consta de bastantes calles que se entrecruzan, y que cada vez está comiéndole más terreno a la zona de Little Italy (pizzerías y rollos italianos), la cual ahora comprende un par de calles, casi literalmente. ¿Y qué es Chinatown? Pues bien, en este caso se trata de una zona residencial y comercial, compuesta principalmente por chinos, evidentemente. Aquí viven y venden, como quien dice. Hay todo tipo de tiendas: iluminación, electrónica, complementos, y todo petado de falsificaciones a muy buen precio. Hay quien dice que de vez en cuando te proponen ir a un piso oculto y te enseñan cosas no tan falsas, a muy buen precio también (robadas), pero no fue mi caso. Supongo que no me vieron con mucha pinta de comprar un Rolex o un bolso de Gucci.
Chinatown no está mal, pero sinceramente, tampoco me ha parecido una maravilla. Si ha tenido algo interesante ha sido que algunas de sus zonas me ha recordado a alguna que otra escena de una de mis pelis preferidas: Blade Runner.
Por esta zona se puede comer realmente barato y con cierta calidad, aunque como ya comí en Brooklyn tendré que dejar el pato al horno para otro día.
Después de no se cuántas horas de pateo y visita al más puro estilo guiri, pero disfrutando a no poder más, eso sí, me dispuse a tirar para el hotel a soltar algo de lastre intestinal y a descansar un poco, pues de esta noche no podía pasar que subiera al Top of the Rock, el hermano gemelo del Empire State cuando se trata de ver toda la ciudad desde el aire.
Una vez terminados mis quehaceres en el hotel me planté en la 49th: Rockefeller Center. Es un sitio muy interesante con una decoración muy llamativa. Además dispone de una pista de patinaje sobre hielo en la parte trasera del complejo.
Es aquí donde vería por primera vez desde el aire un Manhattan encendido para mi. Puedo decir que ha sido una de las cosas más impresionantes que he visto en mucho tiempo, y de hecho me he pasado un buen rato sentado en el mirador admirando la Ciudad que nunca duerme. Allí solo, ante la inmensidad de cemento y luz, he tenido un momento un poco nostálgico, pero no me ha quedado más remedio que autochasquear yo mismo los dedos para seguir adelante con mi aventura. Si tuviera que resumir qué ha sido ver Manhattan en estas condiciones de luz y altura, diría que jamás hubiera imaginado que tantísimo cemento y ladrillo pudieran despertar en mi tanta admiración. Se trata de una obra maestra de disposición, iluminación y la gran carga emocional que tiene esta aventura para mi. Un 10 para Top of the Rock.
Como anécdota curiosa de la noche diré que cuando me disponía a salir del edificio, esperando el ascensor que me devolvería sano y salvo a tierra firme, la chica de seguridad que se encargaba de controlar el ascensor se dirigió a mi de repente y entabló una conversación conmigo:
Eh tú, ven aquí... - me dijo
Yo claro, pensando que ya la había liado o algo, y que me iba a caer una bronca... Total que me acerco a ella un poco cabizbajo y espero que me suelte la bronca...
Me gusta tu forma de vestir - me dijo con una sonrisilla y mirandome de arriba a abajo
Me quedo un poco perplejo y le digo que bueno, tampoco era para tanto...
Pues yo te veo genial, me gusta esa combinación de la chaqueta con el jersey de rayas, al igual que tus vaqueros... - me dice mientras continúa mirandome de arriba a abajo.
Yo ya no sabía qué decir, así que dije "all I can say is thank you..."
En ese momento llegaba el ascensor y me despedí de ella. Y digo yo, ¿es que acaso tiene uno que recorrer miles de kilómetros para que le suelten un piropo????", tiene cojones...jajaja.
Os dejo con las vistas de la ciudad:





Y bueno, con esto termina mi crónica de hoy... no sin antes decir que el día de hoy ha sido particularmente especial, pues me eché a la calle sabiendo que iba a dedicar un 15% de mi tiempo a la guía de viaje, y un 85% a disfrutar de la ciudad dejándome guiar por mi intuición y mi poca orientación. He disfrutado muchísimo y cada día que pasa me alegro más de haberme embarcado en esta aventura solitaria en cuerpo, pero abarrotada en alma.
Ahora bajaré a echar el último piti, que viene coincidiendo con el final de la crónica diaria, y después toca dormir otro rato, que mañana empieza la cuenta atrás...
Buenas noches a tod@s!!
P.D: Que sepáis que leo con detenimiento todos vuestros comentarios, y que aunque no haga alusiones a los mismos en los posts que escribo aquí, los tengo muy presentes. Muchas gracias chic@s!!!! Sin vosotr@s esto no sería posible :).
La Gran Manzana desde las 8 de la mañana
2 comentarios Published jueves, 11 de marzo de 2010 by Burrako in
El día amaneció limpio, soleado. Al despertar esta mañana, gracias a las 4 alarmas que me puse, lo primero que hice fue ir a ver qué se cocía en Manhattan a través de mi ventana. Tengo que tener un poco de cuidado, pues las ventanas tienen un sistema de persianas un tanto extraño, y si no las cierras, te ve todo el mundo. Ayer sin ir más lejos compartí mi momento All-Bran con medio Manhattan...
La noche anterior fui previsor y preparé la mochila con todo lo necesario para el primer gran día de pateo puro y duro. Guías, mapas, algo de abrigo, un miniparaguas "pa por si acaso", y tabaco, un paquetito de tabaco.
Encontré la forma de hacer que saliese agua caliente, y tras una ducha rápida me eché a la calle. Nada más salir del hotel me puse a buscar un sitio para desayunar. Me apetecía algo medianamente parecido a lo que suelo desayunar normalmente, aunque sabía de antemano que no iba a ser fácil encontrar algo así por aquí. A unos 100 metros del hotel di con un sitio que anunciaba a los cuatro vientos que ahí se servían desayunos "por na y menos". Me pareció una buena opción así que entré. Fue dar unos pasos y me asaltó un jóven sudamericano hablándome en un correctísimo español:
Mire señor! Tenemos varias combinaciones para su desayuno, aquí tiene la carta!! - me dijo.
Pero... tanta pinta de español tengo? - le dije yo un poco sorprendido
El chico me miró de arriba a abajo y simplemente asintió con la cabeza, para después asaltar al siguiente cliente...
El caso es que tras ver que allí no servían nada ni remotamente parecido a una tostaita con "aseite y yor", pedí un "Combo 1", que consistía en huevos revueltos, salchichas y café, con un zumo de naranja de regalo.
Cómo le gustan los huevos señor? Escalfados, revueltos, en tortilla... - me dijo el camarero
Pues póngalos revueltos oiga - le dije
A los 5 minutos se vuelve a dirigir a mi...
Su combo nº 1 señor - me dijo satisfecho por su trabajo.
En el plato me encuentro una tortilla francesa, una hamburguesa, y un revuelto de patatas con tomate y cebolla. Lo miro, me mira, lo vuelvo a mirar...
Emm... pero no habíamos quedado en que los huevos iban revueltos y además me pondría salchichas? Es acaso esto un combo 1? - le dije un poco perplejo
Claro señor, revuelto y con salchicha me pidió no? - me dice el camarero mirando al plato, el cual evidentemente no se corresponde con la descripción.
Por unos segundos pierdo la noción del espacio-tiempo y empiezo a pensar que quizás aquí se llama salchichas a las hamburguesas, y que los huevos revueltos en realidad son una tortillita francesa... Viendo que iba a ser peor el remedio que la enfermedad le dije que todo estaba perfecto, justo lo que yo quería.
Después de almorzar a las 8.30 de la mañana saqué mi guía con mapa incluido (qué acierto), y puse rumbo al Empire State Building, el cual estaba incluido en mi New York Pass, y tenía todas las papeletas de ser el primer sitio que visitara en Nueva York, bien por que era gratis, bien porque estaba al lado...
Aún estando cerca, las entradas turísticas a los edificios famosos no están muy bien señalizadas, pero con todo y con eso al final di con la entrada al observatorio de la planta 86, que era lo que iba a visitar. Tuve que volver a pasar un estricto control de seguridad, en el que nuevamente vuelven a quitarme el cinturón... Además yo soy de llevar más mierda de la cuenta en los bolsillos, y el proceso de sacarlo todo, ponerlo en la bandejita, quitarse el cinturón, hacer todo lo posible porque no se me caigan los pantalones, poner la mochila, abrirla, convencer al de seguridad de que no tengo malas intenciones y demás historias, me acaban llevando un rato.
Esta fotografía me la tomó una chica de un grupito de gente, a la que le pedí el favor. A cambio me pidió que le hiciera una foto a su grupito. Hoy por ti, mañana por mi. La cara de dormío que tengo creo que está perfectamente justificada, teniendo en cuenta a la hora española que me acosté anoche... (6.00 de la mañana).
Esto es lo que se ve desde el observatorio de la planta 86 si miras hacia arriba. Ahí se puede subir, pero cuesta 15$ más, y tampoco es que subas mucho más...
Mi siguiente parada era Central Park, al final de la 7ª Avenida. El camino era largo, y ya me habían dicho que lo mejor era coger el metro, pero a mi se me metió en los huevos ir andando, porque otra cosa no, pero Manhattan tiene unas calles en las que da gusto perderse. De hecho, hoy mientras caminaba iba pensado que aún me resulta difícil de creer que esté aquí. Si no te propones asumirlo concienzudamente, Manhattan parece un decorado. De verdad, no sabéis la sensación tan extraña que tengo al caminar por sus calles. Es muy impactante, al tiempo que pareces estar viviendo un Deja-Vu. Hemos visto estas calles tantísimas veces en el cine que realmente parece que ya has estado aquí. Sobrecogedor...
A lo largo de sus calles iba fotografiando todo aquello que me parecía interesante, como sus edificios, la impersonalidad de la gente al caminar, o los pocos transehuntes que destacan sobre el resto, por su locura o indigencia tal vez. Ahora mismo tendría que coger un mapa para deciros las calles exactas, pero me he estado moviendo entre la 5ª y la 7ª a todo lo largo de la isla, hasta llegar a Central Park y volver por la 8ª, pasando por Broadway. Os cuento esto porque voy a poner ahora una serie de fotos más bien larga sobre el camino hasta el parque.
Esta niña tan divertida salió corriendo hacia mi nada más ver que sacaba la cámara!! Me dedicó su sonrisa :)

Este parquecito se llama Bryant Park, y se encuentra a medio camino de mi hotel hacia Central Park. Como todos los parques en Manhattan, se encuentra en un valle de cemento y cristal. En medio de los rascacielos te encuentras con esto, y es una putada, pues durante gran parte del día las sombras que proyectan los edificios le quitan cierto encanto al asunto. De todas formas por lo que he podido comprobar, este es un parque "de paso". Nadie viene aquí a hacer nada, salvo descansar. Hay mil y una sillas, que presupongo gratuitas, para que el personal se siente a descansar un poco las piernas, a modo de break. Esto se hace aún más evidente cuando te das cuenta de que la mayoría de la gente que se sienta aquí lo hace sola, sin compañía. Bien utilizando un portátil, bien tomando un "brunch" (el snack que se toma entre el desayuno y el almuerzo, y la palabra es una mezcla de Breakfast y Lunch), o bien hablando por teléfono.



Aquí en el Rockefeller Center se encuentra, entre otros, el Top of the Rock. Un rascacielos visitable desde el cual se ve el Empire State y Central Park, con unas vistas nocturnas acojonantes. Será interesante para verlo mañana, ya que hoy tengo los pies como la espalda de un costalero.
De camino a Central Park caí en que el MOMA (Museum of Modern Art) estaba casi de camino, y era un sitio que me hacía especial ilusión visitar, así que alteré un poco mi ruta para pasar primero por alli. El viajar solo y sin prisas tiene estas ventajas.
Por fin llegué al Hall de recepción del museo, del cual no tengo fotos porque aún siendo bonito, no hay nada comparable al hall del Louvre en París. La cosa pintaba muy bien, se respiraba modernidad y diseño por los cuatro costados, y después de dejar mi mochila en consigna me metí de lleno en el mundo del arte.
Bien, qué puedo decir... pues que hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto admirando el arte. Este museo, de grandísimo calado mundial, me ha cautivado por completo. Me recordaba en cierto modo al Pompidou de París, por su arquitectura interior. Todo muy "minimal", como a mi me gusta.
Recorrí todas y cada una de sus galerías con el detenimiento justo y necesario. Lógicamente, al tratarse de un museo de 6 plantas, no podía detenerme demasiado en galerías que no me interesasen del todo. De todas formas he intentado hacer las menos "trampas" posibles, y puedo decir que he salido tremendamente satisfecho, y por supuesto, sonriente.

Aquí he encontrado muchas de las grandes de los grandes: Matisse, Picasso, Pollock, Van Gogh, Warhol, Lichtenstein, y otros muchísimos desconocidos por mi, y mucho más actuales que estos últimos. Algunos de hecho aún viven y continúan su obra. También habían un par de salas con fotografías, geniales!!
Lo cierto es que me he perdido en varias ocasiones por las innumerables galerías de las que este museo dispone a lo largo de 6 plantas, pero lo he hecho con mucho gusto. Es uno de esos lugares que te atrapan desde dentro, y que mires donde mires, siempre encontrarás algo que te llame tremendamente la atención. Me he dedicado a ir cámara en mano por todas las salas y he de reconocer que en varias ocasiones lo que he visto me ha puesto los vellos de punta, cosa que no ocurrió en el Louvre, ni siquiera en el caso de la Gioconda.
Este es de Rotcko. Veo besos en él.







Esto creo que es la mínima expresión de un cuadro. Como si lo viera... "Cucha Paco! Tu me puede tené eso pa ayé??? Si ome sí, yo te pinto argo gonito esta tarde y mañana mismo lo tiene allí, tu no te enprocupe vale miarma?"

Como colofón, y para mi sorpresa, el MOMA dispone de un espacio para exposiciones temporales en la planta 6. Y en este caso estaba dedicada a un grandísimo artista, en primer lugar, y director en segundo lugar: Tim Burton. Todos hemos visto sus extravagantes películas y por mucho o por poco, todas dejaron cierta huella en nosotros. Véase Beatlejuice, Jack Skeleton en Pesadilla antes de Navidad, etc. La excentricidad de su autor se hace aún más notable en las decenas de obras gráficas, esculturas e instalaciones que se pueden encontrar en esta galería. Bocetos de sus personajes, cortometrajes, manuscritos, fotografías, y un larguísimo etcétera. Todo ello en un ambiente muy Burton, con poca luz y música con un cierto toque pesadillesco. Simplemente genial.



La noche estrellada de Van Gogh, algunas de las obras de Warhol o Lichtenstein, los "drippings" de Pollock, las horizontalidades de Rotcko, las cuadrículas de Mondrián, o la sala dedicada a Tim Burton han hecho que las casi 3 horas que he pasado en el museo hayan merecido la pena. Como curiosidad diré que justo antes de salir del museo vi un libro de Liechtenstein y volví a subir a su galería para ver de nuevo una de sus obras, ya que este Señor, con mayúsculas, es un genio del Pop Art.
Como diría Melissa Hindel: "Qué jarto estoy der mundo del arte!"
Tras salir del museo seguí mi camino hasta el Central Park. Por mucho que ayer lo plantease como primer destino, es imposible no detenerse de camino... :). Continué caminando hasta que por fin alcanzo el Columbus Square. Es una rotonda!!! La primera que veo aquí, teniendo en cuenta que todas las calles están organizadas en cuadrículas... Iba buscando una tienda de deportes en las que te alquilaban unas bicicletas para utilizarlas en el parque, y después de mucho marearme para dar con el sitio, la dependienta me dice que la broma me va a salir por 40 dolarcillos de nada, pero que incluía un guía... No sabía como salir de allí, así que me inventé que iba a recoger un amigo, que no se fueran sin mi.
Total, que entre el frío que empezaba a hacer y que de momento no había conseguido una bici barata, estuve a punto de abandonar la idea de ir hoy a Central Park. Sin embargo, al final, en un ataque de decisión express, me acerqué a dar una vueltecilla. Ya no había mucho sol, y no disponía de mapa (el parque mide 4 kilómetros), así que me pasé al menos hasta la pista de patinaje que hay a unos 15 minutos de la entrada para fumarme un piti en la tranquilidad de mi total y absoluta soledad.
A la vuelta me vine por la 8ª avenida, la cual, si eres hábil mirando el mapa, te lleva muy cerca del museo de cera Madamme Tussaud's, el cual también está incluido en mi tarjeta de New York... Estaba claro que ese museo era una visita opcional, pero total, si estaba incluido...
Antes de ir al museo tenía que comer algo. Saqué una de las guías que llevaba en la mochila, en la cual habían ciertas recomendaciones para comer. Por la zona se encontraba un sitio muy famoso, el Carnegie Deli. Los "Delis" son, para que entendáis, esos bares/restaurantes de barrio en los que se come con mucho ruido, todas las mesas pegadas, barato y en cantidad. Pues eso, pero además imaginad que se trata de una cadena, y que te encuentras uno cada 5 o 6 manzanas. Cada uno es independiente, pero todos se llaman "lo que sea Deli".
Este Deli concretamente aparece en las guías por lo salvaje de sus platos. Y no por que pongan alimañas en extinción para comer, sino por la cantidad de comida que ellos creen que te vas a comer. No es barato, pero debido a la cantidad, la relación cantidad-precio sale tremendamente positiva. No es ningún secreto, si miráis cualquier guía de Nueva York, que hay un sandwich maldito llamado Woody Allen. Este "sandwich", y lo entrecomillo porque no encuentro una palabra adecuada para describirlo, consta de dos ridículas lonchas de pan rústico con pipas y demás historias, que tratan de envolver (sin conseguirlo) alrededor de 1 kilo de ternera fileteada. Así de simple. Os dejo una foto del especímen. Nada, para matar un poco el gusanillo...
No sé lo que parece aquí, pero os puedo asegurar que el tamaño es descomunal. Sí es cierto que en las fotos parece algo más pequeño, pero si miráis el tamaño del tenedor, o del plato por ejemplo... ese plato tenía el tamaño de 3 campos de fútbol, para que os hagáis una idea.

Ya lo había visto en vídeo incluso, pero no quería pasar por la zona de Carnegie sin echarme al cuerpo un Woody Allen. Cualquiera que me conozca sabe que de lo que sale en la foto no me comí ni una décima parte. Estaba bueno, la verdad, pero esas cantidades no están hechas para mi, ni para la mayoría, quiero suponer y supongo.
Como este sitio tiene las mesas tan pegadas, a mi derecha se sentó una pareja joven, de mi edad tal vez, y al ver mi comida cuando me la trajeron fliparon un mucho. De hecho le pedí a ellos que me hicieran la foto y estuvimos un rato charlando. Eso sí, no de comida, por Dios...
Justo antes de marcharme llamé a la camarera, una mujer japonesa de mediana edad. Le pregunté si había conocido alguna persona que se hubiera terminado por completo ese monstruoso sandwich maligno, y me dijo que sí. Conoció a una chica japonesa que se lo comió enterito, y que después pidió una tarta de queso de postre. La chica murió seis veces, pero revivió para pedir otro más. Al parecer, según me contó la camarera, en Japón la ternera tiene un precio totalmente prohibitivo (100 dólares por 100 gramos de carne), y por ese motivo cuando vienen aquí se pegan unas señoras pechás de comer carne. El precio del sandwich y la bebida fueron 27 dólares, ahí es na.
Bien, pues una vez que había llenado mi estómago con algo de comida sana, continué mi camino de vuelta hacia el Museo de Cera. Lo bueno de la New York Pass es que llegas a los sitios y te saltas todas las colas, lo cual es muy interesante, ya que toda la cola te mira con cara de "ya te coheré, ya te coheré...".
El museo en sí no está mal. De todas formas lo considero una visita opcional. Ya había estado en el Madame Tussaud's de Londres, y bueno, por ser la primera vez pues te impresiona más, pero en este caso no deja de ser más de lo mismo con algunas caras nuevas. Estos americanos organizan muy bien todas las atracciones, porque es tipo IKEA: Una vez entras ya tienes que vertelo enterito... y como vuelvas atrás la lías. En la mitad del recorrido tienes que pasar por una parte chunga, algo parecido al pasaje del terror de la feria, pero tú solo hermano. Ahí no hay colegas pa reirse... La verdad es que ha sido un poco agobiante, porque venía de una zona con mucha luz, y eso está en oscuridad casi total, así que imaginad los gritos de "ehhhhhhh, shhh, que susto me has dao", pero además en español... cágate.
Este es el hall del Madame Tussaud's. En esa foto, tan solo 2 personas son de verdad. Lo demás son muñecajos de cera de cirio.



Mira Madonna, qué fina y elegante está aquí. Qué clase, que enterismo!
La verdad es que esta niña no es fea del to.
A esta la veo el Domingo en el Gospel...
Y por último he pasado por otra zona de Broadway con infinidad de teatros. Pegada a Times Square, Broadway, etc. Esta zona me gusta mucho, es muy llamativa y realmente te hace ser protagonista de tu propia peli. Aunque pensándolo bien, ¿no era eso de lo que se trataba todo esto?... :)


Esto era una alternativa al sandwhich del mal...
Al llegar al hotel he tratado de convencer al recepcionista de que me deje fumar en la azotea, que está una planta por encima de la mía, y no que tengo que bajar cada dos por tres 8 plantas pa jumá! Ma disho que nanai.
Ahora sólo me queda relajarme un rato, pensar en algún sitio lo menos asqueroso posible para cenar, y volver a revivir todos y cada uno de los momentos que he vivido hoy, porque no hacen más que hacerme sonreir. Parece que Siete días en la Gran Manzana ha empezado mejor de lo que pensaba ;)
Buenas noches a tod@s!!!!!
Mañana más y mejor, como solías decir.